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Una piel combina dos tipos de piel muy diferentes con las necesidades opuestas. Por una parte requiere hidratación para las zonas secas y por la otra parte, un cuidado equilibrado para las zonas grasas afectadas por la producción excesiva de sebo.

Cada persona tiene un tipo de piel y cada piel tiene unas características diferentes, por lo que es importante cuidar la piel y aprender acerca de cómo debe ser cuidada, ya que no es lo mismo tener una piel extremadamente seca, o una piel grasa y tampoco son iguales las cremas que debe aplicarse.

La piel facial varía también, dependiendo de los hábitos de alimentación y de la rutina de cada persona. Precisamente estos factores son los que determinan que la piel esté hidratada o no y si necesita un cuidado extra.

Además, debemos tener en cuenta la crema hidratante que más nos conviene y que más nos favorece y nos ayuda a explotar los aspectos positivos de nuestra piel facial.

La principal función de la piel, es evitar la pérdida de agua e impedir la entrada de microorganismos y sustancias extrañas al organismo.

Además de eso, es quien mantiene en equilibrio la temperatura corporal y es responsable por el tacto.

ESTRUCTURA DE LA PIEL

La piel posee una estructura compleja, compuesta por tres capas que representan en total, el 16% del peso corporal.

Para comprender cómo ayudan a mejorar  las cremas faciales de Bella María, es importante explicar brevemente su estructura. Básicamente la piel está constituida por tres capas: epidermis, dermis e hipodermis; la primera, es la parte superficial y consta de varias capas.

En la más profunda de éstas se produce melanina o pigmento cutáneo, mientras que en las superiores, se forman células que sustituyen a las que mueren al exponerse al ambiente. Asimismo, a lo largo de toda la epidermis se encuentran diversos orificios, conocidos como poros, a través de los cuales salen sudor, sebo y cabello, que cumplen labores de mantenimiento y regulan la temperatura.

Ahora bien, las cremas faciales de Bella María ayudan a que el citado proceso se realice óptimamente al brindar protección, evitar la pérdida de líquidos por evaporación, limpiar a fondo y, por ende, reducir el riesgo de infecciones.

Por otra parte, es importante considerar que cualquier alteración en las estructuras cutáneas, debido a factores externos o del mismo individuo, puede ocasionar granos, manchas o inflamaciones. Por ejemplo, la segregación de sebo en la piel, tiene como fin brindar defensa a la epidermis, pero la contaminación puede obstruir los poros que, al no expulsar sudor ni grasa, dan lugar al acné.

COMPONENTES

Entre los ingredientes más comunes de las cremas faciales se destacan los humectantes, sustancias libres de grasas, cuya función primordial es ayudar a conservar adecuado nivel de agua, sobre todo en la epidermis. La mayoría protege a la piel de la evaporación de la humedad y, al mismo tiempo, restablece esta condición en la capa córnea.

CARACTERÍSTICAS DE LAS DIFERENTES PIELES

LA PIEL SECA se caracteriza por tener poros cerrados, carecer de brillo, contener escamas en algunas zonas y presentar sensación de tirantez después del aseo. Por la mañana suele tener poca elasticidad y también es habitual que se presenten arrugas en determinadas zonas.

LA PIEL MIXTA incluye poros dilatados y brillantez en ciertas regiones, como la frente, nariz y mentón; el resto del rostro generalmente tiene cutis seco o normal.

LA PIEL GRASA presenta poros totalmente abiertos, tonos rojizos en ciertas zonas, brillo excesivo y barros y espinillas.

LA PIEL NORMAL tiene apariencia tersa y ligeros signos de resequedad. Los poros están abiertos y no muestran brillo.

Asimismo, no sólo la exposición al Sol reseca al cutis, pues otro tanto podemos decir del frío. En épocas invernales o en caso de trabajar en oficinas con aire acondicionado, se debe mantener hidratada la piel, pues la falta de agua ocasiona que la epidermis pierda su elasticidad y luzca opaca, de modo que pueden aparecer fisuras, fenómeno conocido comúnmente como piel partida. Ello no sólo ocasiona molestias, sino que representa la posibilidad de que hongos, bacterias o virus, se establezcan en el organismo ocasionando infecciones.

Otros factores que también alteran algunas funciones de la piel son los cambios hormonales que se presentan en la pubertad y adolescencia, ya que desencadenan la aparición de acné, debido a la sobreproducción de sebo que, junto con la acción de bacterias, origina obstrucción de los poros.